Poesía y realidad a orillas del Canal de la Mancha

Durante su estadía de 1919/20 en El Havre, Kurt Guggenheim se entusiasma con Francia y se desilusiona con el amor.

“Los rostros de Zúrich me asqueaban”, anota Kurt Guggenheim en su diario, con fecha de septiembre de 1919; tiene a la sazón 23 años y vive en El Havre. Este joven comerciante había trabajado tres años, desanimado y frustrado, en la empresa importadora de café de su padre, hasta que éste lo envió a El Havre para hacer prácticas en un tostadero de café. Entfesselung: así se titularía la primera novela de Guggenheim, de 1934, donde el autor narra la historia de un joven que rompe las cadenas burguesas que lo atan a la ciudad de su padre. En 1964, sin embargo, en Salz des Meeres, Salz der Tränen [“Sal de mar, sal de lágrimas”], Guggenheim ofrece una interpretación totalmente distinta de los dos años que pasó en Normandía. En esta novela, el joven viaja a Francia para superar la ruptura con Esther, protagonista de la novela Die frühen Jahre [“Los años tempranos”], de manera que a la sal de mar se suma ahora la de sus lágrimas por su amada. “Vivía sin amor”, escribe Guggenheim en su novela. “Desde el 21 de julio de 1918, la última fecha en la guarda del diario de Esther, me volví incapaz de amar”.

Francia, una auténtica revelación

Sin embargo, el joven suizo era muy receptivo a todas las impresiones que le esperaban en El Havre. Louis Dupuis, su colega de trabajo y contador de la empresa Rauber, le abre las puertas de su círculo de amistades, donde conoce la frivolidad que caracteriza a la juventud francesa de la posguerra. Con devoción se dedica a una “lectura ávida y desordenada” de la literatura francesa, desde Pascal y Maupassant hasta Zola y Proust, que lo marcan profundamente. La lengua francesa se convierte así en su patria espiritual. Esto le permitiría a Guggenheim, como judío, confiar notas íntimas a su diario sin tener que recurrir al alemán, corrompido en la época del nacionalsocialismo por la censura antisemita. Asimismo, los impresionistas le impactaron tanto que escribió en 1972 una de sus obras más conmovedoras, la novela Minute des Lebens [“Minuto de la vida”], sobre la amistad de Cézanne y Zola. Y todavía en 1980, Guggenheim reconoció: “Sin el idioma francés, me faltaría la mitad del mundo”.

Noches de amor y sublimación

Pero, ¿cómo concluyó su estancia en El Havre? En Salz des Meeres, Salz der Tränen, el solitario suizo no es capaz de superar la pérdida de Esther: durante una estancia en Zúrich se entera del matrimonio de Esther con su rival, lo que lo sume en una profunda depresión.

Sin embargo, los diarios no publicados de Guggenheim revelan que la historia del joven abandonado y traumatizado, incapaz de amar, es una de las ficciones que hacen la novela especialmente conmovedora, pero que tienen poco que ver con la realidad. Aparte de Eva Hug, que sirvió de modelo para el personaje de Esther en la novela, el joven aprendiz también se enamoró de Angéline Savoy, algo mayor que él mismo. En noviembre de 1919, Angéline viajó de Zúrich a El Havre y vivió con él durante dos semanas en un hotel, por lo que rememoraría “con dulce dolor” esa “boda de 14 días”. En 1920, Angéline pasa otros tres meses a su lado, hasta que él mismo se cansa y opta en abril de 1920 por “un largo periodo de soledad apasionada”, sublimando su amor por Eva Hug a través de la creación literaria.

Para Guggenheim, los dos años que pasó en El Havre debieron ser una experiencia tan intensa que se duplicaron en su memoria, ya que en 1955 los convirtió en cuatro. En todo caso, esta etapa de su vida resultó decisiva para él, no sólo porque le permitió descubrir Francia, sino porque le brindó mucho material para sus obras literarias, que luego supo utilizar conscientemente y con gran refinamiento, como una “selección y nueva composición de recuerdos”.

Charles Linsmayer es especialista en literatura y periodista en Zúrich

 

“Sin darme cuenta, empecé muy pronto a ver este país con los ojos de los pintores impresionistas. Experimentar el paisaje del Sena, del puerto, de una manera distinta a como lo habían experimentado un Sisley, un Pissarro, un Monet, me parecía imposible. También sus contemporáneos literarios determinaron mi manera de ver muchos lugares”.

(Kurt Guggenheim: “Salz des Meeres, Salz der Tränen”, citado según el Tomo 1 de las obras completas, reimpreso por Huber, N.º 4, Frauenfeld, 1989)

 

Bibliografía:

Todas las obras de Kurt Guggenheim aquí citadas están disponibles en la edición de SUs obras completas, publicada por la editorial Th. Gut, Zúrich.

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