Nostalgia y fanfarria

“Armar un caos sobre el escenario, con jóvenes cuyas mamás me conocieron como estrella de rock”: así es como Stephan Eicher, de 58 años, resume a los medios de comunicación su último opus. Con el álbum “¡Hüh!”, Eicher hace una apuesta arriesgada: la de mezclar una orquesta naturalmente ruidosa con esa voz silbante que es la marca de fábrica del cantante melódico bernés. Su argumento de ventas proclama: “En septiembre de 1978, Stephan se sube al tren nocturno Berna-París... 40 años más tarde es alcanzado finalmente por un secreto del pasado...”.

La portada del disco, que raya en lo morboso, hace referencia a un álbum de Alain Bashung, cantante francés del mismo estilo musical que Stephan. Los confetis empapados que en ella se desparraman son el símbolo de una industria discográfica viciada según Eicher, para quien “la fiesta ya se acabó”. Los doce títulos de “¡Hüh!” –ocho versiones y cuatro originales– oscilan entre ritmos enérgicos y baladas intimistas. La producción ha sabido combinar la dulce locura de Traktorkestar, orquesta bernesa amante de la música balcánica, con los textos finamente pulidos del roquero nacional, sin hacerles sombra. Con su fanfarria de alto nivel, Eicher repite dos de sus tres grandes éxitos: Pas d’ami (comme toi) y Combien de temps. De hecho, la emoción y la poesía de este disco más bien deben buscarse en Chenilles, fragmento original que se abre sobre una pantalla de cobres para desplegarse sobre un fondo de acompañamiento folk a la guitarra. La tuba baja ronronea y el oyente se deja envolver por una luz tamizada que ilumina todo el disco. “Adondequiera que vayas o dondequiera que estés / lo superfluo, lo necesario, como la cola que se pega a los dedos”, tararea Eicher.

En la apertura de este 15.º álbum de estudio, que sale tras seis años de disputas entre Eicher y su casa discográfica y problemas de salud del cantante en 2018, Ce peu d’amour tiene ese aire roquero que poseen los éxitos del músico de origen yeniche. Esta vez, Traktorkestar los envuelve en una alegre explosión de cobres, a la manera de una orquesta gitana. Louanges, otra versión, se desarrolla de forma similar. El artista evoca aquí los amores perdidos, el tiempo que transcurre. Nocturne cierra el disco de manera crepuscular. “Por fin la calma, es de noche y todo está...”. ¿Todo está? “Todo está... dicho”, concluye Stephan Eicher. El álbum termina con una gran fanfarria.

Stephane Herzog

 

Stephan Eicher, “¡Hüh!” Universal Music / Polydor

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