Ningún país consulta tanto a su población como Suiza

Los suizos acuden a las urnas hasta veinte veces al año. Cerca del 80 % vota regularmente, pero la participación por tema es muy baja. A pesar de iniciativas como “easyvote”, el voto de los jóvenes permanece estancado.

Lionel Marquis: una participación electoral baja como prueba de que “el descontento no es muy grande”. Foto p. a d. p.

Para Nenad Stojanovic se trata de “muy buenos indicadores”: un 80 por ciento de los ciudadanos participan cada vez o al menos de vez en cuando. Foto p. a d. p

“Los ciudadanos de este país son llamados a expresar su opinión política con mayor frecuencia que en cualquier otra parte del mundo”, afirma Nenad Stojanovic, politólogo en la Universidad de Ginebra. Stojanovic cita el ejemplo de la ciudad de Ginebra, donde fueron más de setenta los asuntos sometidos a votación popular entre 2015 y 2018; y eso sin contar las seis elecciones federales, cantonales y municipales. En comparación, Francia vota radicalmente menos: las elecciones presidenciales y las legislativas tienen lugar una vez cada cinco años. “Para la gente no existe otro momento a nivel nacional para expresar su descontento, lo cual se traduce en manifestaciones como las de los chalecos amarillos”, puntualiza Stojanovic. “Los votantes de este país utilizan las elecciones europeas para manifestar su oposición a las políticas nacionales, lo cual es absurdo”, destaca Lionel Marquis, responsable del Grupo de Investigación sobre Elecciones y Ciudadanía (GREC) en la Universidad de Lausana.

Una tasa de abstención récord

Suiza se pronuncia de manera inconstante. El voto sobre la adhesión al Espacio Económico Europeo en 1992 recogió un 79 % de participación. El referendo de finales del 2002 sobre epizootias sólo obtuvo el 25 %. La complejidad de los temas sometidos a la votación del pueblo y el ritmo sostenido de las consultas contribuyen a explicar el porqué del voto inconstante. “Se trata de una de las tasas más bajas del mundo en relación con otras democracias”, puntualiza Lionel Marquis. “Esta tasa varía entre el 35 y el 45 %, y cuando llega al 48 ó 50 % se considera que estamos ante una tasa elevada. En Francia, en cambio, la participación del 77 % en las últimas presidenciales se consideró muy baja.”

¿Quién se manifiesta y quién no? “Una cuarta parte de los suizos vota siempre, una quinta no vota nunca y el resto, o sea, el 55 %, vota según cada caso”, resume Stojanovic. Para este especialista en participación política, el resultado del 25 % de votos regulares es bueno y el del 20 % de los no votantes no constituye una excepción suiza. En cuanto a la tasa del 80 % de personas que, por término medio, se expresan mediante el voto, la considera “muy buena”. ¿Cuál es el motivo de que haya gente que no dé jamás su opinión? “Existen, al menos, tres razones diferentes. La primera es el desinterés por la política. Aquí encontramos a personas que mezclan los temas y no conocen bien este ámbito. Es como un lector de periódico que se salta la sección de deportes. El segundo motivo es la frustración. Estas personas en cuestión son probablemente desempleados de larga duración; han perdido la ilusión. Finalmente, están aquellos que se niegan a votar por motivos racionales. En este caso, los individuos consideran que su voto no influirá para nada en el resultado.”

Baja participación electoral = baja tasa de descontento

Para Lionel Marquis, la baja tasa de participación no es motivo de preocupación: “Refleja una baja tasa de descontento en la población. La gente sabe que para los asuntos importantes tendrá numerosas ocasiones de expresarse.” El politólogo subraya la abstención masiva de los jóvenes, un fenómeno internacional. “En las elecciones federales de 2015, un 30 % de los jóvenes entre 18 y 24 años han votado, mientras que el grupo de los 65 a 74 años de edad alcanzó el 67 %. Esta situación distorsiona los resultados”, lamenta Marquis. Y Stojanovic recuerda: “En el pasado, en los pequeños municipios los jóvenes iban a votar con su familia. Pero esta forma de votar implicaba una coacción social que influía en los votos.”

¿Hay un punto negativo? La opacidad del financiamiento de los partidos y de las campañas. Para Stojanovic, esta situación no tiene impacto directo sobre la tasa de participación, sino sobre la opinión pública. “Los más ricos pueden influir en una votación, aunque esto no es garantía de éxito”, concluye.

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