“La prueba de la existencia de Dios”, un homenaje a los pioneros del servicio alternativo

Alain Simonin Foto fresh prod

Michel Sermet Foto fresh prod

Ésta es la historia rocambolesca de una banda de jóvenes contestatarios, impulsores de un servicio civil suizo, quienes deponen sus armas y uniformes delante del Palacio Federal y cuyas cartillas militares son destrozadas por mujeres. Así se desarrolla la acción que sucedió el 22 de abril de 1971 en Berna. Este suceso real constituye el punto de partida de la película del ginebrino Fred Baillif. Proyectado en Ginebra el 14 de marzo de 2019 con ocasión del Festival de Cine y Foro Internacional sobre los Derechos Humanos de Ginebra, este falso documental en forma de homenaje airea cuestiones que tienen que ver con la militancia, pero también “con el estatus de las personas de la tercera edad en nuestra sociedad, quienes, al término de su vida activa, son expulsadas de la sociedad”, denuncia el director de la película.

Los actores de “La prueba científica de la existencia de Dios” son los propios protagonistas de esta acción militante, en colaboración con actores reconocidos como Jean-Luc Bideau e Irène Jacob. En la película, seis personas contestatarias de avanzada edad militan contra la exportación de armas y hacen uso del terrorismo al provocar la explosión de una fábrica de armas. En la realidad, la acción llevada a cabo en Berna conllevaría penas que irían hasta los cuatro meses y medio de confinamiento, relata Alain Simonin, uno de los actores de esta epopeya.

La operación de los ginebrinos había implicado a 22 hombres y 8 mujeres. Fue organizada con la ayuda de dos abogados ginebrinos, futuros Consejeros de Estado: Christian Grobet y Bernard Ziegler. ¿Su objetivo? Planear un delito que conllevara condenas penales e incriminara a las mujeres: la destrucción de material militar. Finalmente, este grupo, compuesto entre otros por un teólogo y un mecánico, no alcanzaría su objetivo. Se trataba de obtener una condena colectiva, y por ende un proceso político; sin embargo, se juzgó a cada uno por separado y las mujeres fueron puestas en libertad. El grupo obtuvo respuesta firmada por el Consejo Federal, tras haberle hecho entrega de un manifiesto de 400 páginas sobre el servicio alternativo. “Nuestro compromiso influyó en la creación de un servicio alternativo”, estima Michel Sermet, quien cumplió su pena en Ginebra.

A partir de un grupo militante ginebrino que había ideado un servicio civil en beneficio de la población, el movimiento por un servicio alternativo a favor de la comunidad sería imitado en otros cantones de la Suiza francófona, suscitando el apoyo de intelectuales a ambos lados del río Sarine. “Hemos pagado por nuestra acción, y nuestra condena nos ha dado credibilidad”, dice con satisfacción Alain Simonin a modo de reflexión retrospectiva.

(SH)

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