“Una magnífica profesión”

La joven médica Gabriela Rohrer se hizo cargo de un consultorio de medicina familiar en un área rural del cantón de Lucerna. Nos explica cómo llegó hasta aquí y cuáles son las satisfacciones de su profesión.

Gabriela Rohrer representa a la nueva generación de jóvenes médicos y médicas de familia. Fotografía Danielle Liniger

Panorama Suizo: Señora Rohrer, como joven médica, ¿qué fue lo que la llevó a hacerse cargo de un consultorio de medicina familiar en un área rural?

Gabriela Rohrer: Yo me planteé la pregunta al revés: ¿por qué debería trabajar en un consultorio cerca de la ciudad? No me gusta vivir en la ciudad. Aquí, con este paisaje idílico me siento muy bien. Disfruto de la naturaleza. Y desde el punto de vista médico, es muy interesante trabajar en una zona rural.

¿Qué es lo que lo hace interesante?

La médica familiar en un área rural tiene que vérselas con todos los aspectos de la medicina. En las áreas urbanas, los niños van al pediatra, las mujeres a la ginecóloga, y quien se rompa una muñeca acude a urgencias del hospital. Nosotros no tenemos nada de eso: para cualquier problema de salud, yo soy la primera persona de contacto.

Su antecesor fue durante décadas el médico del pueblo. ¿Cómo ocurrió el relevo?

La gente del pueblo hizo todo lo posible para que se mantuviese el consultorio de medicina familiar. Para los jóvenes médicos, los elevados costes de inversión suelen ser un obstáculo: por eso se creó una cooperativa en la que, además del municipio, participan muchas personas de la región a título particular. La cooperativa compró el inmueble. El consultorio se alquila. La empresa que lo administra es mía y de mi pareja. Los otros dos médicos aquí en el consultorio trabajan por contrato. Es un poco complicado, lo sé. Pero lo importante es que funcione... ¡y funciona muy bien!

¿En qué difiere su actividad de aquella de los tradicionales médicos de familia?

Respeto mucho el trabajo que durante toda su vida han venido realizando los médicos de familia. Mi antecesor ha dejado su impronta en muchas familias. Acompañaba a las personas a lo largo de toda su vida, ya fuera en las preocupaciones, las desgracias o las alegrías. Para muchos era un personaje que nunca podía faltar. A mí también me gusta pasar mucho tiempo al lado de mis pacientes. Sin embargo, son muchas las cosas que hemos cambiado: hemos introducido algo más de organización en el consultorio y definido de manera más clara nuestra disponibilidad. Para mí es importante tener un horario en el que no estoy disponible; que sepa que una tarde la tengo libre o que puedo dormir toda la noche sin que nadie me despierte.

Usted es Presidenta de “Junge Hausärzte Schweiz”, la asociación de jóvenes médicos de familia de Suiza. ¿Por qué la profesión de médico de familia ha vuelto a ser atractiva para los jóvenes?

Siempre lo ha sido. Ser médico de familia es una magnífica profesión. Que durante un tiempo los jóvenes se alejaran de la profesión obedecía a otros motivos: poco apoyo a las nuevas generaciones, poco contacto con la práctica durante la carrera. La política les complicaba la vida a los médicos de familia. Entretanto mucho ha ido cambiando: a nivel político, la medicina de familia ahora tiene otro significado; la formación ha mejorado mucho. Incluso los propios médicos de familia se dieron cuenta de que tenían que desempolvar su imagen. Hemos conseguido contagiar nuestro entusiasmo a los jóvenes. No podemos descansar si queremos cosechar los frutos de nuestro esfuerzo. Toda la parte burocrática es exasperante. ¡La de formularios que tengo que rellenar! Ese tiempo me gustaría dedicárselo a los pacientes.

 

Gabriela Rohrer, médica especialista en medicina interna general FMH, desde principios de 2018 dirige el consultorio de medicina familiar Flühli, en el municipio de Flühli/Sörenberg del cantón de Lucerna. Tiene 35 años y es originaria de la región de Berna.

 
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