Una tormenta breve, pero con fuertes y largos tronidos...

Muchos tienen en mente la imagen de una Suiza pacífica, neutral y fiel a su tradición humanitaria, aunque bien preparada para defenderse, como lo demuestran su ejército y su industria armamentística. Pero los armeros suizos también destinan sus productos a ejércitos y cuerpos policíacos extranjeros. Porque Suiza también exporta material militar, tratando de equilibrar el espíritu empresarial con las exigencias éticas, aunque con una clara restricción: Suiza no exporta armamento a países en guerra.

En el verano de 2018, el Consejo Federal cuestionó ese tabú; anunció que, en casos específicos, autorizaría la exportación de armas a países en guerra civil, alegando que para mantener su liderazgo tecnológico esta industria debe producir y, por lo tanto, exportar un volumen suficiente de armas.

La idea no tuvo buena acogida y causó gran revuelo: en tan sólo dos días, la ciudadanía indignada se comprometió a recabar 100 000 firmas para lanzar un referendo contra las exportaciones de armas a países en guerra civil. Esta fulgurante contraofensiva estuvo encabezada por una amplia coalición, formada principalmente por la sociedad civil. Nunca antes en Suiza una nueva agrupación había dado una demostración tan contundente de su poder político, lo cual evidencia que la democracia directa está en auge.

A raíz de ello, el Consejo Federal revocó su propuesta de flexibilizar la exportación de armas: pero esto no significa que el caso esté archivado: casi no pasa una semana sin que los medios revelen la existencia de exportaciones suizas a países en guerra: armamento para Arabia Saudí, que participa en la guerra civil en Yemen; municiones para la aviación rusa, que interviene en Siria; bombas y misiles para Turquía, etc. Las exportaciones de armas a países en conflicto se incrementan drásticamente, incluso sin la flexibilización adicional prevista; según los cálculos realizados por el periódico Neue Zürcher Zeitung, pasaron del 7,4 % del total de las exportaciones de armamento en 2014, al 31,2 % en 2017.

Esta tormenta otoñal ha traído a Suiza un tema que será ineludible en este año electoral y deja patente que también en nuestro país están surgiendo nuevos actores que desafían a los poderes políticos establecidos. En el presente caso parece que se trata de una buena noticia; pero ¿que pasará mañana, si grupos de presión mucho más difusos intentan imponer objetivos extremos, recurriendo a los mismos métodos? Esta perspectiva no deja de ser preocupante. Cabe esperar que nuestro Parlamento actúe con diligencia, sin que sean necesarias otras intervenciones como las de la mencionada coalición: éste es un tema que la presente edición de Panorama Suizo aborda en su sección dedicada a las elecciones.

Marc Lettau, Redactor Jefe

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