Por qué la novela

El gran autor suizo escribió sus obras más célebres en Berlín y al final de “Enrique el Verde” estaba perdidamente enamorado de una joven amazona.

La primera versión del Enrique el Verde, de Gottfried Keller, terminaba con el retorno de Heinrich Lee de Berlín a Zúrich, donde perecía víctima de su vana pasión por su amada Dortchen Schönfund; el cadáver aún tenía en sus manos el oráculo sobre la versatilidad de la esperanza, que le había dado esa desleal mujer. Keller escribió las últimas páginas de su novela el Domingo de Ramos de 1855 en Berlín, “bañándolas de lágrimas”, pues la desilusión amorosa por la que pereció el protagonista de su novela no fue menos dolorosa en la vida real.

Berlín, un auténtico “correccional”

En 1850, Keller llegó a la capital prusiana con el anhelo de establecerse como autor de teatro; pero se sintió tan desdichado ante las condiciones de vida impuestas por la reacción conservadora tras la Revolución de 1848, que la ciudad gobernada por la todopoderosa policía le pareció un “correccional” que nada tenía que envidiar a una “prisión de Pensilvania”. Sin embargo, y pese a que sus ambiciones teatrales se vieron frustradas, permaneció en la ciudad durante cinco años; allí no sólo escribió las más bellas de sus historias sobre la gente de Seldwyla (Romeo y Julieta en la aldea, Los tres honrados peineros y El gatito Espejo), sino que después de varios años de trabajo preparatorio y de una considerable presión por parte de la editorial Vieweg, también redactó la novela de 850 páginas “Enrique el Verde”, con la que su nombre quedó registrado en la literatura universal.

Peleas por mal de amores

El modelo para Dortchen Schönfund fue la elegante y esbelta Betty Tendering, de veintidós años de edad, a quien el “hombrecillo barbudo de anchas espaldas, achaparrado, fuerte, parco en palabras y con unos hermosos ojos oscuros serios y centelleantes” (según el pintor Ludwig Pietsch) había conocido en casa del editor Franz Duncker. Al igual que el héroe de su novela frente a Dortchen Schönfund, Keller jamás se atrevió a declararse a la joven que solía montar a caballo por el parque Tiergarten, con un látigo en la mano. Pero descargaba su decepción y frustración por la noche cuando volvía a casa, peleándose con transeúntes que nada tenían que ver, lo que una vez le valió un ojo morado y otra una multa. Sin embargo, Betty Tendering pareció haberse interesado tanto por su tímido y torpe admirador que, en ocasión de un viaje por Suiza, hizo una parada en la Hottinger Gemeindegasse, con el fin de conocer a la madre de tan singular escritor.

A finales de noviembre de 1855 Gottfried Keller regresó a Zúrich, donde entretanto había adquirido cierto prestigio como escritor, pese a que sólo se habían vendido 150 ejemplares de la primera versión del Enrique el Verde, publicada en 1855; en 1880 se publicó una segunda versión, más artística, aunque más inofensiva. De 1861 a 1876, Keller fue Primer Secretario de Estado del gobierno de Zúrich, y cuando el autor de una rica obra en prosa y de numerosos poemas (“Abendlied”, “Winternacht”) murió soltero el 15 de julio de 1890, no tardó en ser considerado como un poeta nacional suizo reverenciado universalmente, junto con Jeremías Gotthelf. Por su parte, Betty Tendering se casó con el propietario de una cervecería y murió en 1902, a la edad de 71 años. Se dice que antes de morir quemó las cartas que Gottfried Keller le había escrito.

Charles Linsmayer es especialista en literatura y periodista en Zúrich

 

“Debo decirle que la mayor calamidad y el más singular embrollo que puede acaecerle a uno es ser altanero, menesteroso y al mismo tiempo estar enamorado de una criatura elegante. Pero, por el amor de Dios, guárdese estas cosas para usted mismo”.

(Gottfried Keller a Hermann Hettner, 2 de noviembre de 1855)

  

Bibliografía: “Enrique el Verde” (primera versión) está disponible en las librerías en diferentes ediciones, como libro de bolsillo, en edición encuadernada y como libro electrónico.

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