El rap suizo resurge en Ginebra y da un nuevo impulso a la poesía

En los suburbios de Ginebra, un grupo de jóvenes raperos cantan textos cargados de valor existencial. Su líder, el rapero Makala, ha firmado con una gran discográfica francesa. Atrás han quedado los tiempos de la disidencia política de raperos como Stress.

Makala es una de las nuevas estrellas del hip-hop suizo. Su rap es producto de una parte de Ginebra: la de los suburbios. Foto Keystone

El verano pasado, en el festival de Frauenfeld, varios raperos ginebrinos subieron al escenario junto a grandes nombres del rap americano, como Gucci Mane o Nas. ¿Su estilo? Un flow de acentos que a veces cobra tintes existenciales. “Fue muy impactante ver a estrellas locales como Makala actuando en un festival de esta talla”, recuerda Hadrien Mauron, un estudiante ginebrino de 18 años. Para este gran consumidor de rap americano, que escucha dos discos nuevos cada día, los ginebrinos del grupo Superwak Clique “muestran a los jóvenes suizos que es posible llegar muy lejos partiendo de muy abajo”. Prueba de ello es el ascenso de Makala, el impulsor del grupo, que ha firmado en Francia con la gran casa discográfica BMG. Junto con sus compañeros, llena las salas de París, Marsella, Bruselas y Londres.

Makala, Pink Flamingo, Di-Meh o Slimka, para los más jóvenes, pero también Williman, Basengo o la rapera originaria de Valais KT Gorique, son algunos de los nombres de un nuevo rap suizo que ha conseguido cruzar fronteras gracias a un estilo abierto. “No es el rap consciente de los años 90, con toda esa carga de sufrimiento que se expresa en el hip-hop francés, sino un rap con una letra más técnica y más personal”, analiza Thibault Eigenmann, cofundador –junto con Théo Lacroix– de la casa de artistas independiente Colors Label, productora de la mayoría de los artistas de la Superwak Clique. En Suiza se recuerda el rap de Stress y de Sens Unik, cuyos textos estaban cargados de contenidos decididamente políticos.

Un rap sobre un alma que divaga

Por ejemplo en “Piscine privée”, una canción de Makala llena de sensibilidad, el narrador habla con su conciencia: “En mi piscina privada, me gusta cuando nada, estoy ahí, la cuido para que no se ahogue”, recita este joven de origen congoleño que creció en Les Avanchets, un suburbio de Ginebra. En “Pink Flamingo”, homenaje al productor local del mismo nombre, el artista evoca la noche: “Aquí manda la droga; los hermanos menores van por mal camino; las madres están cansadas; cuando estás en la cama, allí habitan personas sin techo, con cocaína en las narices”.

Thibault Eigenmann, quien opina que el rap no está hecho para ser escrito (nunca entrega la letra de sus canciones), analiza este texto: “El título evoca lo que ocurre por las noches. Cuando dice que 'allí habitan personas sin techo', Makala usa un oxímoron que transmite la idea de que no todos están irremediablemente perdidos”.

No desaprovechar su vida

Williman, quien nació en 1993 y se crió en Onex, otro suburbio de Ginebra, insta a los jóvenes a crear el universo de su propia vida. En “Genève, on dit quoi?”, el rapero describe un mundo de “tinieblas, donde la gente corre en pos del fulgor del diamante”. De modo que hay que arreglárselas solo. “He creado mi propio negocio en este bajo mundo. A las armas, voy a la guerra, pásame la ballesta. En los supermercados nos ven con malos ojos, sí, mi colega albanés. Ayer yo robaba, hoy canto. Las clases altas me miran por encima del hombro”, entona con furia el artista ginebrino de madre camerunesa.

Otro artista bajo la producción de la firma Colors es Basengo, de origen ruandés. “Llama a cada quien a llevar las riendas de su propia vida”, comenta Eigenmann. En “Ground Zero”, el rapero describe una Ginebra de cuerpos vacíos y un desfile de cadáveres. Advierte a sus semejantes: “Ten cuidado: sólo se invierte en lo que es rentable, envueltos en tallas demasiado grandes. Y el corazón te falla. Es la trampa de la opulencia. Si somos demasiado precavidos, el tiempo nos atrapa”. Otro de los temas que abordan estos raperos es la diversidad cultural. En una misma canción, la artista Aurélie Djee evoca “el lobo, el zorro, la ballesta, el cuscús y la fondue”. “Tan a gusto con mis deportivas, no llevo amuleto”, dice la rapera. La artista de Valais KT Gorique, de origen mestizo y ganadora en 2012 del campeonato del mundo de rap de estilo libre en Nueva York, habla del desarraigo y del racismo “con mucha fuerza, porque no siempre es fácil ser extranjero en Valais”, opina el productor ginebrino. En “Vision nocturne”, habla de sí misma: “Paro a los transeúntes en la calle y la mitad de las veces noto su desconfianza. Suiza no conoce su historia y le importa un bledo la de los demás. Vota para acosar al inmigrante, salvo que éste sude dentro de una camiseta de deporte. Vivo en Valley, puede que sea el lugar perfecto para hablar de eso. Guerras no declaradas entre ciudades, pueblos e incluso barrios. Si no quieres a tu vecino, difícilmente aceptarás al extranjero”.

Un elevado porcentaje de extranjeros

¿Tiene este rap algo específicamente suizo? Thibault Eigenmann opina que es producto de una parte de Ginebra: la de los suburbios. Subraya que estos barrios no tienen los problemas endémicos, ni la violencia de algunos de los suburbios franceses, tal como se expresa en el rap galo. Sin embargo, señala que las familias de los artistas, de los cuales es productor, a veces han tenido que luchar para salir adelante. “En Suiza, la escuela pública es de buena calidad”, recuerda antes de describir lo particular que es el entorno en esos barrios con un elevado porcentaje de extranjeros. “El idioma es algo diferente para un niño cuyos padres tienen otra lengua materna, y en un barrio multicultural la forma de expresarse es más tensa. Quizá a esto se deba que, cuando no estás seguro de lo que dices, lo dices más fuerte. Por eso creo que estos jóvenes están más dispuestos a hacer rap que los de los barrios elegantes”.

Así, los textos de los raperos de la Superwak Clique a veces recurren a los clichés del gangsta rap americano, pero sin que su discurso se base en una realidad tan violenta. “La carátula de Gun Love Fiction, el álbum que Makala sacó en 2017, muestra una pistola apuntando a una cabeza: una imagen violenta, pero con una violencia cinematográfica que sirve para hablar de los defectos y las virtudes de nuestra sociedad”, afirma el cofundador de Colors Label. Esa es una de las características de este rap suizo, más desapegado, que hace posible que se exporte a Francia y otros países de habla francesa. “Estos raperos son como peces grandes en un estanque pequeño”, concluye Hadrien Mauron, quien se alegra de poder cruzarse con estos artistas de vez en cuando en el McDonald’s de la esquina.

Los raperos políticos

La Suiza de lengua francesa tuvo su rap político. Por ejemplo, en 1993, el grupo de Lausana Sens Unik, que contribuyó al nacimiento del hip-hop francés, hablaba de su visión del país en “L’île au trésor”: “Hay una Isla del Tesoro. Un país fantasmagórico que no es más que una caja fuerte. Un país donde se esconden montañas de monedas de oro, que almas sanguinarias funden en moldes de la muerte”. Y en 2003, Stress, rapero de Lausana, atacaba a la UDC en “Fuck Blocher”: “Este país tan próspero ha votado a favor del miedo. ¿Cómo puede un país tan multicultural como Suiza aceptar a ese racista de Blocher en el Consejo Federal? Lo malo es que, como a los jóvenes no les gusta, ellos no votan”.

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