“En el Congo” es la cerveza la que determina el color de la piel

En 1996 el escritor suizo Urs Widmer dio rienda suelta a su nostalgia de África, con tonos particularmente fantásticos.

Hace 21 años, cuando todo el mundo hablaba de Urs Widmer por su comedia de éxito internacional Top dogs, su editorial anunció la publicación de una novela titulada Im Kongo [“En el Congo”]. Sorprendido, el público se preguntó si este basiliense de 58 años que vivía en Zúrich después de haber pasado largos años en Francfort, había vivido también en África o al menos había ocultado a todo el mundo una escapada a la selva. Cuando se publicó la novela en el otoño de 1996, los lectores comprobamos que estaba escrita desde el punto de vista de un enfermero de Zúrich al que un misterioso giro del destino conduce al Congo, donde confía sus memorias a un ordenador portátil.

Este hombre se llama Kuno Lüscher, y antes de interesarse por la selva que lo rodea y escribir frases como “En las noches de luna llena ofreces frutas a los poderosos”, nos habla de su padre. En las historias que el espía jefe de la legendaria Línea Wiking suiza cuenta a su hijo, aparece Hitler con pantalones de cuero y Eva Braun en camisón; pero esta novela de agentes secretos también se cobra víctimas, como la madre de Kuno, a la que el inteligente espía no logra salvar. Luego, en el tercer capítulo, aparece el Congo, lo que explica el título de la novela; nos enteramos entonces de las aventuras rocambolescas que han conducido a Lüscher a convertirse en el jefe de una tribu africana.

Bebida y éxtasis

Por encargo de una fábrica de cerveza suiza, Kuno viaja a Kisangani con el fin de inspeccionar la filial dirigida por su amigo de la juventud, Willy. Pero antes de encontrar a Willy conoce a una mujer de color que se presenta como la ex amante de Willy, Sophie, entretanto casada con él y que sin titubear lo lleva a la cama, donde “las olas del éxtasis se abaten sobre ellos”. Cuando otro hombre de color se hace pasar por Willy, Kuno está seguro de que se enfrenta a una banda de asesinos y estafadores, y sólo cree que es verdad que cambian de color cuando el Willy negro entona la marcha típica de Zúrich, el Sechseläutenmarsch. Y mientras bebe una cerveza local, la Anselme Bock, Kuno constata asombrado que también su propia piel empieza a cambiar de blanca a negra.

Kuno vive primero como gran visir de Willy y tras ganar una batalla como jefe de una tribu, pasa el resto de su vida en el Congo. Anda con un taparrabos y por la noche besa a Anne, su colega de la residencia de ancianos a la que durante tanto tiempo había tratado en vano de seducir –lo que finalmente logró durante una estancia en Zúrich–. Anne le había dicho en alguna ocasión que lo esperaría hasta que se volviera negro. Paralelamente, la selva atrae a Kuno “como nada lo había atraído hasta entonces”. “Cada noche me sumerjo en este infierno paradisíaco con sonidos jamás oídos. Un susurro que podría ser el eco del big bang original”.

¿Qué es inventado, qué real?

Urs Widmer reveló al Berner Zeitung que nunca había estado en el Congo y que “todo el libro refleja simples deseos”. Cuando en septiembre de 1996 lo visité en su retiro literario de Zúrich-Hottingen, Widmer estaba sentado delante de su máquina de escribir IBM, en la que había metido una primera versión de la obra que estaba preparando Vor uns die Sündflut”. Me habló de su tío, Emil Häberli, que había participado activamente en la llamada “Línea Wiking”; pero también me habló de la puesta de sol en Tombuctú, donde el sol se abate “como un misil en el horizonte”. Eché una ojeada a mi alrededor y constaté que en una estantería, junto al enanito de goma de la infancia, había una botella de cerveza con el escudo nacional del Zaire; y entre las hojas con los borradores que solía tirar al suelo detrás de su escritorio, asomaba algo como la tapa de un ordenador portátil y, fijándose bien, el rostro de Widmer presentaba evidentes signos de insolación ...

 

charles linsmayer

 

es esPECIALISTA EN TEORÍA DE LA Literatura y periodista

 

“Al fin y al cabo no quiero comer nada hasta que termine. Debería ser suficiente con tres días de escritura y de ayuno. Si no hago pausas, 72 horas de escritura deberían bastar para trasladarme del lejano entonces al presente. Recuerdos y vida se fusionarán en el atisbo de un momento precioso. Después, da lo mismo cómo termino la obra”.

(Extracto de “Im Kongo” de Urs Widmer, editorial Diogenes, Zúrich, 1996)

 

Bibliografía: “Im Kongo” fue publicada por Diogenes en Zúrich en 1996.

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