Cielo e infierno

Cuando la televisión suiza apodaba a Regula Mühlemann la “Callas suiza”, ella se sentía “incomodísima”. Pese a todo, Regula Mühlemann se abre con gusto a los medios de comunicación, por más que reduzcan una prometedora carrera como cantante a dos o tres palabras clave. Gracias a los nuevos canales, declara en un tweet esta soprano originaria de Lucerna, se abren las puertas de la música clásica a otras personas. “A mi edad quizá sea posible todavía tender un puente hacia los jóvenes. Y si se puede mediar entre estos mundos, considero que eso también forma parte de mi trabajo”. Por tanto, no tiene ningún reparo en sentarse a la misma mesa que la estrella de la música popular Beatrice Egli para una entrevista doble.

Regula Mühlemann nació en Adligenswil (Lucerna), en 1986. Ya en 2010 se incorporó a la orquesta del teatro de Lucerna, pero pronto se dio cuenta de que “necesitaba ser más libre, que quería ser una artista independiente”: un paso arriesgado, pero tras su brillante interpretación de Ännchen en la versión cinematográfica de la ópera de Carl M. von Weber, El cazador furtivo, se sintió rápidamente seducida por el gran mundo de la ópera: en Zúrich, Salzburgo, Viena, Berlín, París, Aix-en-Provence, en todas partes le concedían pequeños papeles como cantante.

Por fin, podemos apreciar en CD esta voz alegre tan clara, luminosa y juvenil. Su disco de Mozart empieza muy atinadamente con “Schon lacht der holde Frühling”. Convierte los simpáticos versos en pequeñas escenas dramáticas para, al poco tiempo, celebrar su arte de coloratura con un aire fresco y desenfadado. A continuación, asciende al Olimpo y se adentra en la inquietante y misteriosa aria “Vorrei spiegarvi, oh Dio”: “Oh, Cielo, cómo me gustaría explicarte la amargura de mi sufrimiento”. En seis minutos y medio, Mozart nos conduce a través del cielo y el infierno. Mühlemann se mete de lleno en esta montaña rusa de emociones, a diferencia de muchas otras sopranos que sólo siguen la partitura de manera fría y mecánica.

“Falta de dramatismo”, podría reprocharle un crítico demasiado estricto, sobre la base de sus estándares seculares. Pero cabe recordar que Mühlemann ¡apenas acaba de cumplir 30 años!

El camino está allanado. Sería sorprendente que tantos pequeños papeles en las más grandes óperas no se vieran recompensados ahora con un papel protagónico. Pero pese a los elogios y todo su talento, aún queda por dar este salto. Quizá pueda repetir pronto y con orgullo su frase coronada por una risa en La mayor: “En el escenario, tengo una gran responsabilidad: tengo que intentar abrir las puertas del cielo para el público, aunque esto suene algo patético”.

Christian Berzins

 

Regula Mühlemann: «Mozart, Arias». Sony, 2016.

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