Una nueva estrella en el firmamento de la lucha tradicional suiza

El grisón Armon Orlik sólo tiene 21 años, pero ya se le considera uno de los mejores del país en lucha tradicional. ¿Quién es este joven prodigio de Maienfeld, consagrado “luchador del año 2016”?

La gran pugna: Orlik (a la izquierda) en el asalto final contra Matthias Glarner, en el Festival Federal de Lucha Suiza y Juegos Alpinos. Fotos Keystone

Este deportista grisón no sólo fue declarado“luchador del año“, sino también “Revelación del Año”, galardón otorgado en 2016 por el público de la Televisión Suiza en la Gran Velada del Deporte Nacional.

Reina absoluto silencio en el cuadrilátero de Estavayer. 52 000 espectadores siguen el asalto final. Está en juego el título más codiciado del deporte nacional suizo. De un lado está el bernés Matthias Glarner, del otro el grisón Armon Orlik. Glarner no lo piensa mucho, toma una decisión, tumba de espaldas a Orlik y proclama su victoria. Pero tan discreto es el júbilo del rey de la lucha de 2016, como el del público en las tribunas. Pocas veces ha sido menos aplaudido un rey de la lucha en los últimos años; sin embargo, esta reserva no tiene absolutamente nada que ver con el deportista de élite de Meiringen, sino más bien con su contrincante, Armon Orlik.

En esos dos días de finales de agosto del año pasado, Armon Orlik conquistó los corazones de los espectadores. Ya en el primer asalto dejó fuera de juego a Kilian Wenger, el rey de la lucha de 2010. Después cosechó varios éxitos contra otros dos “confederados”, es decir, luchadores que siempre ocupan los primeros puestos de la clasificación de este evento para reyes de la lucha, que se celebra cada tres años. Pero el buen ambiente no se debió principalmente a estos triunfos del outsider, sino más bien a la forma en que ha ganado sus asaltos. Tras estrechar la mano a su contrincante e invitarlo a la lucha, Orlik, a sus 21 años, sólo necesita por lo general unos segundos para quitarle el serrín de la espalda. “A propósito lucho de forma ofensiva” declara Orlik, y añade que suele atenerse a su propia estrategia. La carrera de Orlik, aún breve, hasta ahora se ha visto coronada de éxitos fulminantes.

Gracias al judo

El joven estudiante de Ingeniería Civil procedente de Maienfeld sólo empezó a practicar regularmente la lucha a los 14 años. Antes de eso, había practicado el judo, al igual que sus tres hermanos mayores. En el Dojo no sólo aprendió las reglas básicas del judo, sino además se fue convenciendo de que con gran empeño se pueden alcanzar grandes metas. “Hasta dominar una técnica tenía que repetirla cientos de veces”, cuenta. Con el judo Orlik no sólo aprendió a entrenar con la gran diligencia que lo caracteriza, sino que su cuerpo se fortaleció. La base de la agilidad y la fuerza de este atleta modelo de 1,90 de estatura y 105 kg de peso, la adquirió en esos ocho años de práctica de artes marciales. “El hecho de que hoy practique deporte de élite con un cuerpo tan funcional, se lo debo en gran parte a la formación que me dio el judo”, afirma Orlik.

Dejó definitivamente el judo hace siete años, debido a la única lesión que ha tenido hasta ahora. Una lesión en el codo obligó a Orlik a replantearse las cosas. Así que en vez de competir en la colchoneta de judo con sus hermanos Lucas y Flavio –este último casi logró calificarse para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro–, empezó a acompañar a su hermano Curdin, dos años mayor que él, a practicar lucha. En esta disciplina también no tardó en ser uno de los mejores. Su determinación y su ambición, igual que su fe en Dios, como él mismo lo dice, ayudaron a ese luchador del club de Unterlandquart a ascender hasta el más alto nivel. Sin embargo, Orlik opina que el factor decisivo fue otro: “Sin mi familia no habría podido llegar hasta donde he llegado; me da la estabilidad que necesito”. Y añade que llegar tan lejos en tan poco tiempo es “culpa” de sus padres. Orlik está muy agradecido por su infancia a su padre, Paul, policía cantonal, entrenador de judo y ex campeón de lucha, así como a su madre, Helena, la sacristana del pueblo.

Armon Orlik se crió en la casa más antigua de Landquart, calentada con leña, y durante mucho tiempo la familia no tenía televisión. Por eso los hermanos Orlik pasaban gran parte de su tiempo libre fuera.

Al fin y al cabo fue su hermano Curdin quien tuvo una influencia decisiva en su ascenso en el mundo de la lucha. Con él pasó Armon muchas horas practicando lucha en un sótano, con él fue perfeccionando su técnica, con él viajó en 2013 a Burgdorf para participar en su primer campeonato federal. “Siempre me repetía que el éxito no llega por sí mismo”, recuerda Orlik. Esto lo motivó, porque quería ser tan bueno como Curdin. Así pues, para el benjamín de esta familia de seis miembros, los hermanos mayores fueron desde el principio una motivación suficiente para esforzarse y ser competitivo en el deporte. Cuando finalmente las diferencias físicas empezaron a borrarse, el pequeño Armon se convirtió de repente en el gran Armon y empezaron los éxitos. En agosto de 2015, por primera y única vez, se puso a prueba la armonía del equipo Orlik: en el torneo Sertig-Schwinget de Davos, el asalto final tuvo lugar entre Orlik y Orlik. Ganó Armon.

En total, ocho hojas de roble

Fue el comienzo de un viaje cuyo apogeo provisional ocurrió el verano pasado en Estavayer. En la temporada pasada, Armon eclipsó a la competencia. Fue galardonado en seis “Fiestas de la corona”, y durante el año 2016 ganó en total ocho hojas de roble. En la evaluación anual de la Asociación Federal de Lucha ocupó el primer puesto; círculos profesionales lo nombraron “luchador del año” y en la Televisión Suiza lo felicitaron en la Gran Velada del Deporte Nacional, nombrándolo “deportista revelación del año”, elegido por el público.

Desde entonces, este tranquilo y perseverante grisón goza en todas partes de un estatus comparable al de una estrella del pop. No es el rey de la lucha, Matthias Glarner, sino Orlik, el que acumula títulos fuera de los circuitos habituales del serrín. Orlik despierta simpatía por todos lados, pero sigue con los pies en la tierra, como antes, y afirma que no es fácil saber cómo comportarse ante la admiración que suscita. “El año pasado me deparó mucha fuerza y autoestima”, dice –no sólo gracias al deporte, sino también a sus estudios en Rapperswil, donde vive durante la semana–.

Orlik ha iniciado la temporada de 2017 muy motivado por las experiencias positivas del año pasado. Para este grisón, el año comenzó como había acabado en el “Niklaus-Schwinget” de Dietikon: con una victoria. Tras el torneo “Berchtold-Schwinget” de Zúrich, el 2 de enero, le llevaron a hombros por el pabellón deportivo. Así que el programa va a buen ritmo: lo más tardar en el “Unspunnenfest” de Interlaken, a finales de agosto, Orlik se encontrará en plena forma. De aquí a esta fecha, que marcará el punto culminante de la temporada, Orlik seguirá entrenando duramente.

Esto es lo que hacen también sus modelos, entre los que figura Martin Grab. Este deportista del cantón de Schwyz, de 37 años, no sólo es uno de los luchadores con más experiencia, sino que está considerado como uno de los más espectaculares por el carácter especialmente ofensivo de sus pases. Orlik se inspira en el estilo de Grab, pero asimismo le impresionan las cualidades de Jörg Abderhalden o las de Matthias Glarner. Este último, rey de la lucha del año 2016, está convencido de que “Armon tiene una excelente forma física y para su edad cuenta con una técnica muy hábil. Además, lucha con una actitud muy despreocupada.” Si este deportista grisón se mantiene sano y sigue trabajando duramente con su cuerpo, volverá a formar parte de los favoritos también en Zug, dentro de dos años: en ese momento todo el país tendrá la mirada puesta en la Suiza central, donde se coronará al siguiente rey de la lucha. Y es muy posible que Armon juegue un papel protagónico en ese evento: si gana, ya no sólo será el rey de los corazones, sino también el primer rey grisón de la lucha tradicional suiza.

Dominic Willimann es redactor deportivo del “Basler Zeitung”

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