Pisando terreno firme

Seamos sinceros: nadie esperaba que Yello se atreviera a introducir cambios radicales en su 13.er álbum. Dieter Meier y Boris Blank se mueven desde finales de los años 70 en su propio cosmos musical; desde hace mucho tiempo ya han desarrollado un sonido que ha influido a generaciones de músicos electrónicos y es mucho más que una simple marca o un simple sello. Combinado con su extravagante lenguaje visual, constituye una forma de expresión propia. Hace años que el mundo lo reconoció. Con su música disco dadaísta de vanguardia y sus clips de extraordinaria calidad artística, este dúo de Zúrich ha alcanzado un éxito internacional sin igual. Hoy se considera que Yello es una de las poquísimas bandas suizas que han contribuido a crear su propio género y gozan, con razón, de un estatus de culto.

Entonces ¿por qué cambiar ahora de concepto? Never change a winning team! Así, Boris Blank, de 62 años, ha vuelto a apostar en “Toy” por los acreditados componentes musicales de Yello: en juguetonas samples, a veces tipo jazz, otras de house estilo groove y muchas escaramuzas rítmicas. A todo ello ha contribuido Dieter Meier, de 71 años, como siempre con su profundo canto recitativo. Un ejemplo típico es el single “Limbo”, un número de house con cencerros y un estoico y constante barbulleo. En algunas canciones también se encuentran los habituales cantos etéreos con artistas invitados –esta vez con Malia y Fifi Rong–. Y en la canción “Magma” vuelve a aparecer el trompetista alemán Till Brönner, como en el último álbum de Yello en 2009.

Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, cabe reconocer que la atmósfera de “Toy” es algo más tranquila y discreta de lo habitual. De vez en cuando se oye incluso un susurro que dura minutos: música para escuchar sentado en vez de para bailar. Pero eso son matices que no cambian lo esencial: por mucho que se aprecie la constancia con la que Blank y Meier siguen su camino, uno habría esperado de ellos algo más que los autoplagios de este álbum, que a fin de cuentas no dejan de resultar un poco exangües.

Razón de más para alegrarse ahora de su concierto de febrero en Zúrich. Después de sus primeras cuatro actuaciones en octubre en Berlín, Zúrich será el segundo sitio donde actúen en su larga carrera. Antes, Yello nunca había actuado en directo, por el pánico escénico de Boris Blank: al fin y al cabo algo sí está cambiando en el cosmos de estos dos zuriqueses.

Marko Lehtinen

Yello: «Toy», Universal Music.

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