El abandono de la energía atómica: un asunto pendiente

Hace cinco años el Consejo Federal anunció su decisión de renunciar a la energía atómica. Sin embargo, el proceso avanza con gran lentitud. Hasta ahora sólo se ha establecido una fecha para el cierre de una de las cinco centrales nucleares suizas: el 20 de diciembre de 2019 se clausurará la central nuclear de Mühleberg, cerca de Berna.

La central nuclear de Mühleberg no se cierra por problemas de seguridad, sino por motivos económicos. Fotos Keystone

Con 47 años de servicio Beznau I es la central nuclear más antigua del mundo.

Tras la catástrofe ocurrida en el reactor nuclear de la ciudad japonesa de Fukushima en la primavera de 2011, el gobierno suizo reaccionó rápidamente: casi al mismo tiempo que Berlín anunciaba su decisión de renunciar a la energía nuclear, la Ministra de Energía suiza, Doris Leuthard, del PDC, otrora decidida partidaria de la energía atómica, anunció un cambio de rumbo en Suiza. Pero mientras que en Alemania se cerraron inmediatamente las centrales nucleares más antiguas y se fijó un plazo para el cierre de las demás, el Consejo Federal sólo recomendó al Parlamento prohibir la construcción de nuevas centrales nucleares, en tanto que las centrales existentes debían seguir funcionando. Y, según Leuthard, éstas deberán funcionar «hasta tanto sigan siendo seguras». El proyecto de la «Estrategia Energética 2050» del Consejo Federal debe permitir esta renuncia paulatina a la energía nuclear.

Renunciar a las centrales nucleares para aumentar el uso de la energía hidráulica, solar y eólica y lograr una mayor eficiencia energética: se prevé que en la sesión de verano de este año el Parlamento solucione los últimos puntos pendientes de la propuesta. Sin embargo, ni los conservadores ni los Verdes de la izquierda están realmente satisfechos con el compromiso que implica la propuesta, dominada por el PDC y el PBD. Porque ni la UDC ni el PRD aprueban la prohibición de nuevas centrales nucleares. “Hoy en día es utópico que se construya una nueva central nuclear en Suiza”, admitió el Presidente de la UDC, Albert Rösti. Pero esto podría cambiar en el futuro. Rösti confía en que gracias al progreso técnico esta tecnología se vuelva más segura y apuesta por las “centrales nucleares de cuarta generación. Éstas garantizarán que un accidente no pueda provocar la contaminación radiactiva de extensas zonas”. Según el Consejero Nacional del PRD, Peter Schilliger, las nuevas centrales nucleares estarán a la orden del día “cuando sean más seguras y resulten otra vez atractivas desde el punto de vista económico”. No obstante, opina que es un error prohibirlas desde ahora. “Eso no es tener visión a futuro”.

Consulta popular en otoño próximo

Desde las últimas elecciones la UDC y el PRD, junto con los pequeños partidos de derecha, cuentan con una escasa mayoría en el Consejo Nacional. Si en la votación final del 17 de junio votaran unánimemente contra la “Estrategia Energética 2050”, podrían impedir la renuncia paulatina a la energía nuclear. Pero esto es bastante improbable. Los políticos especializados en energía de todos los partidos esperan que algunos consejeros nacionales de la UDC y del PRD voten de otra manera y contribuyan al éxito del cambio de modelo energético. Es cierto que se puede organizar un referéndum contra la decisión del Parlamento y forzar así una consulta popular. Sin embargo, se consideran escasas las posibilidades de echar abajo en las urnas la propuesta de compromiso para la renuncia oficial a la energía nuclear.

De todas formas, las suizas y suizos decidirán este otoño con su voto sobre la renuncia a la energía nuclear. Porque los Verdes mantienen en pie la iniciativa popular que lanzaron a raíz de Fuku-shima. Además, están decepcionados por la estrategia energética oficial, como lo comenta el Consejero Nacional verde, Bastien Girod: “En Suiza se permite que los reactores viejos sigan funcionando. No obstante, con la edad de las centrales nucleares aumenta también el riesgo de accidente”. La iniciativa de los Verdes se inspira en el modelo alemán, que establece plazos fijos. Concretamente esto significaría el fin de la energía nuclear dentro de 45 años. Así, las tres centrales nucleares más antiguas (Beznau I y II y Mühleberg) deberían clausurarse en 2017, Gösgen en 2024 y finalmente Leibstadt en 2029.

No hay plazos concretos

Para el Consejero Nacional del PDC, Stefan Müller-Altermatt, uno de los artífices de la renuncia oficial a la energía nuclear, el cierre de las centrales nucleares de acuerdo con la iniciativa popular de los Verdes sería precipitado. “Eso significaría que tendríamos que importar energía eléctrica producida en las centrales nucleares francesas o las centrales de carbón alemanas. No creo que el pueblo quiera eso”. No puede pronunciarse acerca de la fecha de clausura de la última central nuclear según la versión oficial de la renuncia a la energía atómica, ya que faltan plazos concretos: “En algún momento de la década 2030 ó 2040”. Según él, comptete a la Agencia Federal de Inspección Nuclear (ENSI, por sus siglas en alemán) aclarar cuánto tiempo más las centrales seguirán siendo seguras.

La Agencia Federal ENSI juega un papel clave en la renuncia oficial a la energía nuclear. Al cierre de la presente edición aún no se había decidido si Beznau I volvería a ponerse en marcha alguna vez. Con 47 años de servicio es la central nuclear más antigua del mundo. En verano 2015 se cerró por orden de la ENSI porque se detectaron “irregularidades” en el acero de la vasija de presión del reactor, las cuales entretanto se están analizando. Y ENSI decidirá en verano si la central nuclear es todavía lo suficientemente segura como para seguir operando. Las organizaciones medioambientales acusan desde ahora a ENSI de hacer demasiadas concesiones a las compañías que operan la central. Esta primavera el director de ENSI, Hans Wanner, advirtió que ENSI estaría “sujeta a una presión cada vez mayor por parte de los defensores de las centrales nucleares”, ya que las reclamaciones de mayor seguridad colocan a las operadoras en una difícil situación económica.

Son consideraciones económicas las que han conducido también al consorcio energético BKW a tomar la decisión de cerrar su central nuclear en Mühleberg, cerca de Berna, el 20 de diciembre de 2019: el amplio proceso de modernización exigido por ENSI con el fin de incrementar la seguridad, no era rentable en vista de los precios actuales de la energía eléctrica. BKW es la primera compañía operadora que decide renunciar a la energía nuclear por iniciativa propia (ver texto página 9).

El programa secreto de un grupo de presión

Con este primer cierre sale a relucir un nuevo asunto espinoso: el elevado coste de los sitios contaminados por las centrales nucleares. En un documento estratégico secreto, elaborado para el consorcio energético Alpiq y publicado por el diario “Basler Zeitung”, un miembro de un grupo de presión esbozó un programa sobre la forma en que Alpiq podría deshacerse de las centrales nucleares de Gösgen y Leibstadt, incluidos los costes de operación, desmantelamiento y eliminación de residuos. El objetivo según el documento era el siguiente: “Este programa permitiría agrupar las centrales nucleares en una sociedad de liquidación y traspasarlas al Estado”. Se trata tan sólo de un primer boceto, elaborado por un miembro de un grupo de presión encargado del asunto. Pero si bien los consorcios rivalesAxpo y BKW rechazaron de inmediato este plan, Alpiq no lo ha desechado.

Este plan secreto arroja luz sobre los problemas del sector. Debido a que en toda Europa hay demasiadas centrales nucleares en servicio, la producción de corriente eléctrica es poco o nada rentable. Por este motivo ya no resulta atractivo seguir operando las centrales nucleares. Esto contribuye a alimentar el debate político y lleva agua al molino de los Verdes. Uno de los principales argumentos en contra había sido hasta ahora que las compañías operadoras podrían reclamar indemnizaciones por daños y perjuicios si se cerraran las centrales nucleares por decisión política. “Ahora, en cambio, sería un colmo que reclamaran una indemnización por un negocio que arroja pérdidas”, comenta Girod. Pero incluso en este caso la indemnización por daños y perjuicios se mantendría “dentro de los límites de lo razonable”. “La iniciativa es la manera más económica de renunciar a la energía atómica, sin duda más económica que un compromiso político con las compañías operadoras”, afirma Girod.

“Rehenes desde un principio”

En los hechos el programa esbozado para Alpiq en el documento estratégico arriba mencionado sería una negociación política a gran escala, tendiente a establecer las modalidades para que las compañías operadoras pudiesen traspasar sus centrales nucleares a la Federación, y con ello deshacerse a la vez de sus obligaciones en materia de desmantelamiento y eliminación de residuos. A diferencia del Verde Girod, el Consejero Nacional socialista, Eric Nussbaumer, no se opone en principio a un compromiso como éste. Parte de que el Estado tendrá que sufragar en cualquier caso una fracción de los costes del legado de la energía nuclear. Por eso, opina Nussbaumer, sería conveniente que el sector político negociara oportunamente las condiciones de este compromiso, estableciendo también la vida útil de las centrales nucleares. “La tecnología nuclear tomó a la sociedad como rehén desde un principio”, nos advierte. “Si no hubiese estado claro desde un principio que en última instancia le correspondería a la sociedad, y no a los operadores, pagar por los residuos nucleares o por las consecuencias de un accidente, ninguna compañía habría aceptado construir una central nuclear”.

El Consejero Nacional del PRD, Schilliger, tiene una opinión totalmente distinta. Según él, Alpiq da muestras de una “extraña mentalidad empresarial” al intentar traspasar sus malas inversiones a la Federación. Si Alpiq realmente fuera a la quiebra, un nuevo inversionista podría hacerse cargo a bajo coste o gratuitamente de las centrales. “Posteriormente una operación rentable de las centrales nucleares debería ser posible”. El sector político debe garantizar, cuando mucho, que las reservas para el cierre y la eliminación de residuos no formen parte de la masa de la quiebra. El presidente de la UDC, Rösti, se opone tajantemente a una sociedad estatal de liquidación para las centrales nucleares.

Pero también hay otras opiniones en la UDC. Así, el decano de este partido, Christoph Blocher, se refirió hace poco a subvenciones para las centrales nucleares. Esto revive recuerdos. Blocher fue uno de los políticos conservadores que enterraron en 1988 el proyecto de central nuclear más controvertido en Suiza: Kaiseraugst. A pesar de que el proyecto, tras el accidente de Tschernobyl, no tenía ninguna perspectiva de éxito en ese momento, el grupo de políticos encabezado por Blocher obtuvo la concesión de una cuantiosa indemnización federal por la renuncia oficial a la central nuclear. “Kaiseraugst fue un error garrafal que no debe repetirse”, afirma el Consejero Nacional del PDC, Müller-Altermatt. No obstante, señaló también que será casi imposible evitar que sea en última instancia la sociedad la que tenga que cargar con el legado de la energía atómica. “Tendremos que pagar, ya sea a través del precio de la energía eléctrica o de los impuestos”.

Simon Thönen es REDACTOR de “Bund” y periodista INDEPENDIENTE

Comments (1)
  • Ernst  Ruetimann , Trang
    Ernst Ruetimann , Trang at 26.06.2016
    Ja das waren wieder die Politiker mit Ihrer " Weitsicht " . Atomkraftwerke her so schnell wie moeglich , aber sich keine Gedanken machen ueber den Ausstieg und den Folgenkosten !
    Mostrar la traducción

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