Max Lobe o la lengua lúdica

Max Lobe: «La Trinité bantoue», en francés, ediciones Zoé, Ginebra, 2014. 208 páginas

En 2010, cuando se convocó al pueblo suizo a pronunciarse sobre una iniciativa popular federal titulada “En favor de la deportación de los delincuentes extranjeros”, en todas partes se veían carteles del partido mayoritario, en los que ovejas blancas expulsaban del territorio suizo a una oveja negra. En la última novela de Max Lobe, “La Trinité bantoue”, estos mismos carteles tapizan los muros de la Confederación Helvética. Este pequeño territorio en el centro de Europa se parece extrañamente a la Suiza que conocemos, y allí vive el narrador, Mwána. Originario de un país africano imaginario, Bantulandia, vive muy modestamente en Ginebra con su amigo Ruedi. Para ellos es difícil llegar a fin de mes, ya que Mwána se quedó sin empleo cuando terminó sus estudios. Pese a muchas solicitudes no consigue nada; Ruedi, desempleado, se niega a recibir ayuda de su familia.

Afortunadamente, Monga Míngá, la madre de Mwána, les envía comida de Bantulandia – “tortas de mandioca y más mandioca”. Pero no durante mucho tiempo: Monga Míngá, que sufre cáncer de laringe, viene a Suiza para que la traten, en Lugano, donde vive la hermana de Mwána, Kosambela, muy católica. “La desgracia se ceba con nosotros”, se lamenta Mwána, que pese a todo no se viene abajo. Dotado de un carácter alegre y una lengua inventiva, prefiere reírse del clima xenófobo que reina en Suiza, de los cabezas rapadas que interrumpen la fiesta nacional del 1 de agosto en el Rütli. Pero bajo la risa salvadora asoma algo más trágico: la miseria difícilmente concebible, a menudo invisible y silenciosa que reina en este país. Max Lobe examina el desempleo, las tiendas para alimentos abaratados, la ayuda social y el sentimiento de vergüenza que le producen, con una mirada profundamente humana, una aguda capacidad de observación, para mostrar la antesala de la Suiza idílica y próspera.

Max Lobe despliega esta mirada afilada sobre su época a través de un lenguaje en continua búsqueda de sí mismo. Gráfica, cálida, implacable, la lengua de Max Lobe no escatima medios: utiliza el alemán, el suizo alemán, el italiano, diversos tipos de francés y lenguajes africanos. Todas estas lenguas conviven, colisionan, se complementan para ofrecer una visión del mundo abierta que estrecha vínculos entre Bantulandia y la Confederación Helvética. Esta lengua que reúne también es una forma de no plegarse al mutismo impuesto por la enfermedad de Monga Míngá.

Romain Buffat

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